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Que No Te Engañen Con Numeritos

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En términos reales, en los 57 años de Republica anteriores, según datos de Naciones Unidas y otros organismos internaciones, en muchos terrenos Cuba poseía los primeros lugares, junto a Argentina, Costa Rica, Uruguay y Chile en América Latina y el Caribe. Sin embargo, no es menos cierto, que existían sectores poblacionales marginados con altos niveles de pobreza, especialmente rurales, con mayor incidencia en las regiones orientales del país. Estudios de la época describen esa problemática, como la Encuesta de Trabajadores Rurales 1956-57, realizada por la Agrupación Católica Universitaria.

Escrito por Oscar Espinosa Chepe   
sábado, 10 de enero de 2009

 

  ¿Qué destino me lleva a contar las fallas ajenas,
                                                                      teniendo tanto que decir de las mías?              
                                                                                                      Cervantes  


ImageEl 1 de enero de 2009 se cumplió el 50 aniversario del inicio del proyecto revolucionario cubano, tras el triunfo en la lucha armada contra el régimen impuesto por el General Fulgencio Batista mediante un golpe de estado el 10 de marzo de 1952, a pocas semanas de las elecciones generales que casi seguramente ganaría el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo).

Con su asonada militar, Batista cortó el proceso democrático, que con reconocidas deficiencias había logrado cierto progreso económico y social. El pueblo aguardaba las elecciones con esperanzas de adecentamiento de la gestión pública y medidas sociales más profundas basadas en la avanzada Constitución de 1940. El proceso se frustró y creó una crisis institucional, que dada la obcecación del General Batista por su apego al poder, abrió el camino a sectores propugnadores de la violencia. Su ceguera política, corrupción generalizada y horribles crímenes paulatinamente llevaron al pueblo a la desesperación y a optar por la lucha armada como única vía para restituir la institucionalidad.
Bajo la dirección de Fidel Castro triunfa la lucha insurreccional el 1 de enero de 1959, dando inicio a un proceso sustentado por una ola popular posiblemente nunca antes vivida en América Latina. La promesa de los nuevos gobernantes de construir una Cuba nueva, reformada económica, política y socialmente, y sin corrupción gubernamental hicieron soñar en una era con un destino prometedor para todos.

En términos reales, en los 57 años de Republica anteriores, según datos de Naciones Unidas y otros organismos internaciones, en muchos terrenos Cuba poseía los primeros lugares, junto a Argentina, Costa Rica, Uruguay y Chile en América Latina y el Caribe. Sin embargo, no es menos cierto, que existían sectores poblacionales marginados con altos niveles de pobreza, especialmente rurales, con mayor incidencia en las regiones orientales del país. Estudios de la época describen esa problemática, como la Encuesta de Trabajadores Rurales 1956-57, realizada por la Agrupación Católica Universitaria.

Sin embargo, es erróneo afirmar, como hacen los ideólogos del gobierno actual, que el desarrollo de Cuba se inició en 1959, pues los datos reflejan lo contrario. En la educación, se contaba con índices relevantes para la época. Según el Censo de 1899, sólo el 43,2% de la población de 10 años o más estaba alfabetizado. En 1931 alcanzó el 71,7% y el Censo de 1953 refleja el 76,4%, indicador únicamente superado entonces por Argentina (87,0%), Chile (81,0%) y Costa Rica (79,0%). Los analfabetos urbanos eran 11,6% y los rurales 41,7%, lo que denota un alto progreso, aunque con serias deficiencias en la población campesina.

ImageA mediados de los años 1990, la población analfabeta de 15 años o más de varios países latinoamericanos todavía era superior a los niveles ostentados por Cuba en 1953, según CEPAL y UNESCO. Paralelamente, se había creado una educación pública con aceptable calidad, que competía ventajosamente con las escuelas privadas. En la mayor parte del país era posible estudiar desde la primaria a la universidad en la enseñanza pública, aunque no resulta menos cierto que en zonas campesinas había serias dificultades debido al aislamiento y la pobreza.

En 1959 existían tres grandes universidades públicas, ubicadas en La Habana, Santa Clara y Santiago de Cuba, así como una privada, Villanueva en la capital. En Matanzas, Pinar del Río, Cienfuegos y Camagüey, centros educacionales de nivel superior reclamaban ser reconocidos.
En las principales ciudades había institutos de segunda enseñanza públicos, escuelas normales para la formación de maestros, de comercio y secretariado, así como de artes y oficios y una red bastante desarrollada de escuelas primarias y secundarias públicas que se complementaban con centros privados de nivel adecuado, escrutados continuamente por las instituciones gubernamentales correspondientes para que cumplieran los programas de enseñanza. Se estableció así una sana y productiva competencia entre ambos sectores.

El programa educacional cubano no era perfecto. En ocasiones era afectado por la politiquería o malos manejos con sus fondos, pero el balance arrojaba resultados positivos y los profesionales formados descollaron en muchos aspectos del saber. Los médicos disfrutaban de prestigio internacional, los contadores públicos y especialistas bancarios se distinguieron, los abogados tuvieron amplio reconocimiento, los arquitectos e ingenieros participaron en obras muy avanzadas para la época como el edificio FOCSA, el Hotel Habana-Hilton y el puente de Bacunayagua, y los humanistas, músicos e intelectuales en general dieron prestigio al país. En la etapa republicana, bajo el legado de José Agustín Caballero, Varela, José Antonio Saco, el presbítero José de la Luz y Caballero y sobre todo José Martí, la pedagogía cubana floreció, destacándose personalidades como Don Tomás Estrada Palma, Enrique José Varona, Alfredo M. Aguayo, Arturo Montori, Ramiro Guerra, Fernando Ortiz, Juan Marinello y Jorge Mañach.

En la salud, Cuba también se distinguió. En los años 1950, tenía la cifra más pequeña de población por médico en América Latina, según la Organización Mundial de la Salud. Incluso, el indicador cubano superaba el de muchos países europeos, como Bélgica, España, Inglaterra y Suecia. Es cierto que la distribución de los médicos era desigual, pues mientras en La Habana
había 1 médico por 248 habitantes, a nivel nacional era de 1 por 1008, con 1 por 2608 en la provincia de Oriente, según el informe del Colegio Médico de Cuba a su XLII Asamblea Nacional, efectuada en La Habana en 1958.

En lo años cincuenta, la mortalidad infantil osciló alrededor de 32 por cada mil nacidos vivos, la más baja de toda Latinoamérica y el Caribe. La esperanza de vida al nacer en la segunda mitad de los años 1950 fue de 62 años, cifra reconocida recientemente por el actual Ministro del Trabajo y Seguridad Social cubano. Si se analizan los datos del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD correspondientes a 1970-1975, una gran parte de los países de la región no habían alcanzado ese nivel en ese período, mientras la mayoría de los países de África aún están bien distantes.

En 1953 existían 24 829 camas hospitalarias para un índice de 4,3 camas por 1 000 habitantes, según el mencionado informes del Colegio Médico Nacional y trabajos del economista de filiación marxista Jacinto Torras, lo cual no era bajo entonces, aunque su distribución nacional era desigual, pues había 10,4 en la ciudad de La Habana mientras las provincias de Pinar del Río, Camagüey y Oriente no llegaban a 2,0. Debe resaltarse que del total de camas hospitalarias señaladas el 66,7 % correspondían al sector público, por lo cual, aunque estaban presentes problemas por resolver en la salud pública en aquellos tiempos, resulta equivocado negar los avances logrados antes de 1959.

 Por demás, la industria de fármacos nacionales poseía un alto prestigio, como fueron los laboratorios OMS, Mirasú, Arenas, Vieta Placencia, Kuba, Linner, con importantes casas distribuidoras en la capital como Johnson, Sarrá, Taquechel, Mestre SA y otras con una sólida implantación en el interior del país.

En el plano macroeconómico, Cuba enfrentaba muchas dificultades en la etapa prerrevolucionaria que tenía que vencer. Se esperaba que con el triunfo de la revolución se solucionaran. Pero lamentablemente, como veremos a continuación, no sólo no se resolvieron, sino que se han agravado a niveles insostenibles. El prestigioso economista Carmelo Mesa Lago, en su libro La economía en Cuba socialista ha definido cinco de los problemas existentes en aquel entonces: lenta tasa de crecimiento económico; monocultivo del azúcar o excesiva importancia de ese producto en el PNB (Producto Nacional Bruto), y de las exportaciones; avasalladora dependencia de Estados Unidos en relación con la inversión y el comercio; altas tasas de desempleo y subempleo; y desigualdades notables en los estándares de vida, particularmente entre las áreas urbanas y rurales.

ImageA estos problemas habría que añadir una distribución inadecuada de la tierra, lo que había sido discutido profundamente en la Asamblea Constituyente para redactar la Constitución de 1940, que proscribió el latifundio en el Artículo 90, aunque las leyes complementarias necesarias para la entrada en vigor de ese precepto nunca se efectuaron.

No obstante estas deficiencias, debe puntualizarse que la economía cubana, por su renta per cápita se encontraba entre los primeros lugares de los países de América Latina y el Caribe. Aunque la estadística de entonces presenta lagunas, serios estudios confirman esta apreciación. Para ello puede consultarse el Informe sobre Cuba de la Misión Truslow, hecho por reconocidos expertos del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, presentado al Presidente Carlos Prío Socarrás el 12 de julio de 1951, en el que tuvieron activa participación los expertos nacionales Julián Alienes Urosa, Ramiro Guerra Sánchez, José Antonio Guerra, y Casto Ferragut.

El mismo situaba Cuba en 1947 con una renta per cápita de 341 dólares US, sólo superada en el área por Argentina (349). Países europeos estaban por debajo de esos niveles: España (222) e Italia (242). El Informe tomó como base varios documentos de suma importancia para determinar las cifras, como el Financial Statistics del Fondo Monetario Internacional. El año tomado en consideración, objetivamente Cuba disfrutaba de una etapa de bonanza debido a los relativamente altos precios mundiales del azúcar. Hay que apuntar que en 1939, cuando la situación externa no era tan propicia, la renta nacional per cápita nacional cubana sólo fue inferior a la de Argentina y Chile, y tenía el doble que la de Ecuador, El Salvador, Brasil, Guatemala, entre otros.

Ciertamente en la década de 1950, la tasa de crecimiento no resultó alta, aunque la economía siguió aumentando. El profesor Mesa Lago basado en el estudio de documentos del Banco Nacional de Cuba sitúa el crecimiento en términos corrientes a un promedio de 4,6% anual. Al tomar en cuenta el crecimiento demográfico y la inflación, el incremento del PNB real per cápita entre 1950-1958 fue de casi del 1,0%, bajo pero la economía crecía. Además había elementos positivos como una relativa disminución del peso específico de la industria azucarera en la formación del PNB, pues de una tasa promedio de alrededor del 29,0% en 1949-1958 se pasó a sólo el 25,0% en los dos últimos años de ese período.

Paralelamente el producto industrial no azucarero creció en un 47,0% entre 1947-1958, una tendencia que se avizoraba aumentaría con el engrosamiento de la industria turística y otras producciones nacionales, que lenta y dificultosamente se desarrollaban.

En este entorno triunfó la revolución en 1959 con su enorme carga de esperanzas reforzadas por algunas leyes que, como la de Reforma Agraria de 1959, se pensaban serían las bases de una más justa repartición de las tierras cultivables. Lamentablemente poco a poco este proceso se frustró. La Ley de Reforma Agraria perdió su objetivo principal de crear muchos propietarios agrícolas y hacer desaparecer el pernicioso latifundio, con una segunda ley que constituyó la base para un fuerte monopolio estatal sobre la agricultura.

En la práctica, el latifundio privado con sus males fue sustituido por el latifundio estatal de peores consecuencias. La población rural en términos efectivos fue convertida en asalariada de las grandes empresas estatales, caracterizadas por altos niveles de ineficiencia. Al ser desarraigada de la tierra, disminuyó aceleradamente por no ver ningún futuro, marchándose hacia las ciudades, dejando atrás el campo desolado y sin brazos para desarrollar la producción agrícola.

ImageRespecto a la industria y los servicios, las consecuencias fueron semejantes. Se procedió a la incautación de todos los medios productivos y de servicios a niveles más amplios que los implantados en los países de Europa del Este, bajo una falsa doctrina socialista. La nueva propiedad surgida no tiene relación con los intereses populares, más bien todo lo contrario. Los trabajadores perdieron todos sus derechos y se impusieron sindicatos oficiales con el único objetivo de servir de correas transmisoras a los designios del Estado-Partido. Lo realmente socializado ha sido el mal servicio, la ineficiencia y las pérdidas que usualmente las empresas estatales han mantenido, sufragadas por los trabajadores a través de salarios miserables, materializándose en la práctica una colosal subvención al gobierno totalitario.

Es cierto que durante años hubo progresos en algunas esferas como la educación, la salud pública y la seguridad social, con ventajas para sectores poblacionales anteriormente marginados. Pero esto fue alcanzado ante todo gracias a tradiciones ya existentes antes de 1959 como resultado del bregar de muchas generaciones de cubanos, incluso antes de la instauración de la república. Además, jugó un papel importante la enorme subvención del campo soviético que durante decenios fluyó a Cuba en el marco de la Guerra Fría.

Con el término de la “ayuda” a fines de 1989, se inició la crisis económica, política, social, demográfica, cultural y medio ambiental más profunda de la historia nacional; un proceso con efectos muy negativos también sobre los valores espirituales y la autoestima de los ciudadanos. El Producto Interno Bruto (PIB) al perderse el sustento exterior cayó aproximadamente en un 35,0% y el llamado Período Especial iniciado entonces, cumple 20 años en enero del 2009. El país está absolutamente descapitalizado, después de una etapa en que ningún año la tasa de formación bruta de capital fijo (FBCF) ha sido superior al 12,0% del PIB, lo cual significa menos del 50,0% de los niveles precrisis y convierte a Cuba en el país de más bajo nivel de inversión de todo el subcontinente, según datos de CEPAL. En la práctica, esas tasas de FBCF no han garantizado ni la reproducción simple de la economía.

ImageLas consecuencias prácticas son evidentes con sólo recorrer las ciudades y campos cubanos. Ahora tras el paso arrasador de los huracanes Gustav y Ike se ha demostrado las endebles condiciones de las viviendas y toda la infraestructura nacional al ser destruido parcial o totalmente alrededor del 15,0% del fondo habitacional, con colosales destrozos en la agricultura, viales, el sistema electro-energético, hospitales, escuelas, almacenes, centros deportivos y culturales, e industrias.

Informes del Instituto Nacional de la Vivienda reconocían antes del desastre natural que más del 43,0% del fondo habitacional estaba en malas o regulares condiciones. Sólo en la ciudad de La Habana existen 46 villas miserias, donde conviven decenas de miles de personas, situación que se reproduce por todo el país. El 60,0% del agua se pierde antes de llegar a los consumidores debido al mal estado de las conductoras. Entre 16,0-17,0% de la electricidad se esfuma en el proceso de transmisión y distribución por la precariedad de líneas, subestaciones, transformadores, postes y otros elementos. La velocidad promedio de los trenes no rebasa los 42 kilómetros por hora debido al deficiente estado de las vías ferroviarias, puentes y otros elementos indispensables para asegurar una mínima seguridad en la transportación.

El transporte automotor carece de los medios necesarios para mantener el servicio. En gran parte está constituido por equipos retirados en otros países, pero en las condiciones operacionales de Cuba, con vías destruidas, sobrecargado y deficiente mantenimiento se deteriora con rapidez. En el interior, han sido sustituidos por vehículos tirados por animales, con riesgosas consecuencias epidemiológicas. Recientemente han llegado equipos chinos, que han mejorado el transporte, fundamentalmente en la capital y el traslado interprovincial, pero es reducido. Datos oficiales muestran que las empresas estatales especializadas transportaron 1,6 mil millones de pasajeros en 2007 frente a 2,7 miles de millones en 1990, cuando aún había serias deficiencias.

A este proceso de involución de la sociedad cubana no escapan la educación, la salud pública y la seguridad social. En la educación, además del acrecentamiento de los problemas por falta de recursos y la pérdida de medios e instalaciones, el personal docente calificado se ha marchado, y ha sido sustituido por jóvenes inexpertos, preparados en pocos meses. Como resultado ha caído abruptamente la calidad de la instrucción, lo que ya se ha reconocido oficialmente.

La salud pública ha enfrentado similares problemas, por la carencia de recursos, agravados por la exportación masiva de médicos, enfermeros y personal paramédico, especialmente a Venezuela. Esto se debe a no contar el país con otros bienes de exportación, al hundirse la industria azucarera y carecerse de otros productos exportables. Si bien esta operación al exterior posibilita un financiamiento indispensable a la economía, ha debilitado el servicio en general cuantitativa y cualitativamente, lo que se une al deterioro de las instalaciones y a la falta de medicamentos y otros recursos.

La situación de la seguridad social se ha tornado calamitosa. Más de la mitad del 1,5 millón de jubilados recibe una pensión de 200 pesos mensuales, equivalentes a 10 dólares US. Las autoridades han planteado una reforma del sistema con el aumento de la edad de retiro de las mujeres a 60 años y los hombres a 65. Además el tiempo de trabajo necesario para obtener la jubilación será de 30 años, o sea cinco más. Todos los trabajadores tendrán la obligación de contribuir con parte de su salario al financiamiento.

La justificación para esta modificación, después de un ¨debate¨ en los centros de trabajo, es la reducción en un 70,0% de la tasa de natalidad y el incremento de la esperanza de vida al nacer a 77,2 años, lo cual ha contribuido al envejecimiento de la población que llega al 16,6% de personas con 60 años ó más, y que para el 2025 se estima será de 26,1%. Un proceso demográfico que ha ocasionado que por tercer año consecutivo el número de habitantes del país se haya reducido en términos absolutos; escenario provocado por el rechazo de las familias a reproducirse en un entorno lleno de carencias y necesidades, exento de futuro para las nuevas generaciones.

La situación demográfica empeora por un elemento soslayado en los análisis de las autoridades: el éxodo constante de personas en busca de oportunidades en el exterior. En el período 2000-2007, el saldo migratorio externo fue superior a 250 mil personas con amplia participación de jóvenes, según datos oficiales. Esta cifra podría ser muy superior en los próximos años, al continuar el deterioro del nivel de vida, cuando Cuba ha sido destruida por tres terribles huracanes y comienzan a sentirse los efectos de la crisis económica global.

Aunque el gobierno refleja en su estadística un 1,8% de desempleo de la población económicamente activa, la prensa oficial lo ha desmentido con la publicación de estudios realizados en distintas provincias, que arrojan altísimas tasas de desempleo juvenil. De todas formas, sólo un simple recorrido por cualquier ciudad en horas laborables permite apreciar la gran cantidad de personas deambulando por calles y plazas.

La falta de interés laboral es consecuencia de la carencia de estímulo, el salario promedio mensual al cierre de 2007 era de 408 pesos, alrededor de 20 dólares US. Especialistas oficiales han calculado que a causa de la inflación, el salario real mensual en pesos de 1989 fue de 45 pesos en 2006, una reducción de un 76,0% en relación con el año base.

La propaganda oficial habla mucho de la subvención de la canasta básica de alimentos vendida a través del racionamiento –que hoy satisface menos del 50,0% de las necesidades mínimas de una persona, según informaciones oficiales-, pero no reconoce la subvención de los trabajadores al Estado por el cobro de salarios muy por debajo de los niveles internacionales. Cuestión que ahora empeora con la existencia de un fuerte proceso inflacionario con significativas elevaciones de los precios de la leche, jabón, aceite comestible, alimentos en general, transporte y combustible.

En adición, no debe olvidarse que los salarios y pensiones son pagados por el Estado en pesos corrientes, una moneda luego rechazada como medio de pago en la mayoría de los establecimientos comerciales estatales. La dualidad monetaria frena el interés laboral, además de generar una gran variedad de problemas que obstaculizan el normal desarrollo de la economía. Al mismo tiempo, constituye un valladar imposible de superar si no se inicia un proceso integral de cambios radicales liberadores de las bloqueadas fuerzas productivas.

ImageLa precariedad social, junto a los efectos de un sistema disfuncional, ha ocasionado una pérdida enorme de los valores espirituales de la sociedad. En este contexto ha florecido la corrupción, que por las magnitudes alcanzadas ha sido reconocida por altas figuras del gobierno como uno de los mayores peligros actuales. Cuba, que históricamente no se distinguió por un alto índice de personas encarceladas, hoy ocupa el sexto lugar en el mundo con 487 penados por 100 000 habitantes, según el Informe sobre Desarrollo Humano (IDH) 2007-2008 del PNUD. Esto refleja claramente la grave situación que se ha ido produciendo, y que a pesar de las condiciones infrahumanas en los centros penitenciarios, genera gastos enormes en instalaciones, recursos, carceleros, policías y otro personal, dejados de invertir de forma más provechosa para la nación. Esto, sin tomar en consideración los aspectos más tenebrosos: la degradación que sufren los seres humanos hacinados en esas circunstancias.

Otra muestra de los efectos perversos provocados por la crisis en la población cubana es el alto índice de divorcios existente: 3,2 por mil habitantes, como promedio en el período 2000- 2006, uno de los más altos en el planeta; un factor que denota la fragilidad de la familia y arroja elementos de inestabilidad sobre el futuro de la sociedad cubana.  

La productividad del trabajo muestra también tendencias desfavorables. En el período 2000-2007 se percibe un incremento de la productividad de un 39,5% -calculado sobre un PIB oficial sobreestimado-, mientras el salario medio mensual lo hizo en un 71,0%. A causa de esa relación, el costo de producir una unidad del PIB por concepto de salario creció en más del 20,0%, lo que sería superior si se dispusiera de cifras más reales del PIB.

La situación de la mayoría de los sectores de la economía es deplorable. La agricultura, caza, silvicultura y pesca están a un 35,0% del nivel de 1989, que no era muy elevado. Actualmente, este sector sólo genera un ridículo 4,3% del PIB, lo cual resulta en que Cuba esté importando el 84,0% de los alimentos necesarios. La producción cañera ha caído a niveles que obligan a la compra de azúcar en el exterior. La existencia de ganado vacuno ha descendido de más 7 millones de cabezas en 1967 a 3,7 millones a finales de 2007, cifra que muchos especialistas consideran inferior, pues no se realiza un censo ganadero desde 1978.

En la industria, el índice de su volumen físico por el origen de la producción es de 40,2% con respecto a 1989. La otrora poderosa industria azucarera, con sólo 15,3%, realiza zafras algo superiores al millón de toneladas, semejantes a las obtenidas en los primeros años del siglo XX, con rendimientos agrícolas e industriales sustancialmente más bajos que los obtenidos con anterioridad a 1959. Puede afirmarse que los demás sectores económicos en alguna medida continúan afectados y no logran reponerse; es el caso de las construcciones.

Es cierto que ha habido avances notables en el turismo, que antes de 1959 venía desarrollándose mediante el aprovechamiento de las óptimas condiciones para esta actividad. El progreso de la  llamada industria sin chimenea se paralizó poco tiempo después de 1959, durante decenios, por el temor del régimen a la contaminación ideológica, decidiéndose volverla a impulsar como consecuencia de la crisis económica iniciada en 1989. También se ha incrementado notablemente la producción de petróleo y gas natural, así como el reestablecimiento de la industria niquelífera, al norte de la provincia de Holguín, ambos avances debido a la decisiva participación de empresas extranjeras.

Este lamentable cuadro económico ha afectado extraordinariamente el comercio exterior de bienes. En 2007 por cada dólar exportado se importaron 2.72, a pesar del precio excepcionalmente alto del níquel en el mercado internacional, para un déficit de 6,4 miles de millones de dólares, cercano al doble del total de las exportaciones. Esta situación únicamente puede sostenerse gracias a las “ventajosas” relaciones con Venezuela.

Cuba recibe diariamente más de 92 mil barriles de petróleo en condiciones financieras muy favorables. Además, el país sudamericano otorga créditos para proyectos con muchas facilidades. En contrapartida, La Habana presta asistencia técnica con médicos, enfermeros, paramédicos, maestros y otros especialistas. Su monto ha sido determinante en el alza de la exportación de servicios en general, con un valor total de más de 8,5 miles de millones de dólares en 2007. Si esta cooperación, de evidentes motivaciones políticas, terminara, las consecuencias serían aún más desastrosas que las enfrentadas cuando la pérdida de las subvenciones de la Unión Soviética y el bloque socialista, a causa de las terribles condiciones actuales de la economía.

En este recuento de la situación que vive Cuba, no se puede ignorar los graves problemas ambientales. Las tierras cultivables han sido dañadas considerablemente durante decenios de malos manejos, lo cual ha reducido la fertilidad de millones de hectáreas, debido a la falta de rotación de los cultivos, la compactación de los suelos por el mal laboreo, la salinización de grandes extensiones por la utilización indiscriminada de las aguas subterráneas, la erosión inducida por la incorrecta labranza, la carencia de trabajos dirigidos a facilitar el drenaje,  todo lo cual es de amplio conocimiento e incluso está publicado en los anuarios estadísticos oficiales. Se añade la polución en los ríos y otras reservas hídricas, y las aguas litorales.

Además, existe una deplorable recolección de los residuales en todas partes y un disfuncional sistema de alcantarillado, debido a decenios sin mantenimiento y ampliación del sistema de acuerdo con el aumento poblacional.

Conclusiones

En conclusión puede decirse que es cierto que en Cuba existían obstáculos para el desarrollo y problemas sociales a resolver antes de 1959, como se ha expuesto, pero su posición en América Latina era destacada, y precisamente se esperaba que la revolución triunfante ese año abriera los cauces para un progreso mayor. Lamentablemente, por el contrario, el país se ha destruido y va quedando rezagado respeto al mundo.

Si en el siglo XIX Cuba fue pionera en muchos adelantos como la introducción de la máquina de vapor, el ferrocarril y el telégrafo, y en el siglo XX en la telefonía, el radio y la televisión, lo cual permitió un país más culto e instruido, actualmente es la nación con los índices más bajos de acceso a la computación con 17 por 1000 habitantes, mientras Internet está prohibido a la mayoría de los ciudadanos. Los abonados a teléfonos móviles son 12 por mil habitantes, incluso en las línea telefónicas básicas hay bastante retraso con 75 por 1000 habitantes, datos correspondientes a 2005, inferiores incluso a Haití, Bolivia y Honduras con excepción de las líneas telefónicas básicas, según el IDH 2007-2008.

Cuba, que estuvo hasta 1959 entre los primeros países (por su Producto por Habitante), ha descendido al lugar 23 en América Latina y el Caribe, con un PIB per cápita de 6 000 dólares en Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) equivalente; muy inferior por ejemplo a Chile (12 500 dólares) y Costa Rica (10 180 dólares), entre otros, de acuerdo con igual fuente.

Respecto al consumo de electricidad per cápita, un indicador básico para comprender el progreso de una sociedad, era de 1380 Kilowatios/hora en 2004 para un cambio porcentual entre 1990-2004 de 0,6%. Este consumo ocupa el 18 lugar, lo cual denota el atraso tecnológico existente y, de mantenerse la anémica dinámica de crecimiento, la posición seguirá deteriorándose.

ImageAl cumplirse 50 años del triunfo de la revolución, el saldo no puede ser peor. Hoy la nación se encuentra fragmentada, con una parte importante de sus hijos en el exterior y un alto porcentaje de quienes aún viven en Cuba con deseos de abandonarla. La economía está destruida y las inequidades sociales se han incrementado. Existe una involución en todos los aspectos. Los sueños que florecieron en 1959 se han convertido en una horrible pesadilla con el peligro cada día más latente de una tragedia de grandes dimensiones a causa de la obcecación de un grupo de personas, quienes por mantenerse en el poder no quieren aceptar que estos son tiempos de cambio y reconciliación.

Bibliografía


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•    CEPAL, Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe 2007.
•    PNUD, Informe sobre el Desarrollo Humano 2007-2008.
•    Informe Truslow 1951.
•    Mesa Lago Carmelo, La economía en Cuba socialista. Una evaluación de dos décadas. Universidad de Nuevo México, 1983.
•    Mesa Lago Carmelo, Buscando un modelo económico en América Latina. The John Hopkins University Press, 2000.
•    Mesa Lago Carmelo, Economía y bienestar social en Cuba a comienzos del Siglo XXI. Editorial Colibrí, 2003.
•    Problemas de la Nueva Cuba. Colectivo de Autores. Informe presentado al gobierno cubano por una comisión de expertos norteamericanos. Edición 1935.
•    Sanguinetty Jorge A., Cuba: realidades y destino. Ediciones Universal 2005.
•    The Economist Bookworld in Features, 2007.
•    Torras Jacinto, Obras Escogidas, Tomo II, 1945-1958, Editora Política 1985.
•    Oscar Espinosa Chepe, Crónicas de un Desastre, Fundación Hispano-Cubana, 2004.
•    Espinosa Chepe Oscar, Aduana Vieja, Editorial 2007.
•    Espinosa Chepe Oscar, ¿Amanecer Cubano? El País, España, 16 de abril de 2008.
•    Espinosa Chepe Oscar, Soberanía en Peligro, ABC, España, 15 de noviembre de 2007.
•    Espinosa Chepe Oscar, Cuba ante un futuro Incierto, Ponencia a la XVIII Conferencia Anual de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE), agosto 2008.
•    Espinosa Chepe Oscar. Cuba, Educación en Crisis, El Nuevo Herald, 30 de julio de 2008.
•    Pujol Joaquín P. Cuba, Políticas Económicas para la Transición. Editorial Verbum, 2004.
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